8M: Mujeres en Informática y la Brecha de Género

Autora: Angélica Caro G.

El Día Internacional de la Mujer, que mundialmente se celebra el día 8 de marzo, no es otra cosa que el reconocimiento de la humanidad a la lucha que han dado muchas mujeres en el último siglo, para posicionarnos a todas en un nivel de equidad respecto de los hombres. Sin embargo, esta lucha no verá verdaderos cambios hasta muchos años más en el futuro. Lapidaria es la afirmación de que al ritmo actual “no hay una sola mujer que habite hoy el planeta que vaya a conocer la igualdad de género. Una niña nacida hoy tendría que vivir más de 202 años para experimentar qué significa tener las mismas oportunidades, salario, derechos, poder, voz… que los hombres” (ver más aquí). Esto no debe desalentarnos, al contrario nos debe motivar a seguir generando cambios y de forma más acelerada, cambios en nosotras mismas y en la sociedad en general.

Hoy día las mujeres tenemos que prepararnos desde pequeñas para ser profesionales, para ser líderes y contribuir a nuestra sociedad desde diferentes ángulos y roles. Sabemos que esto no es fácil pues es necesario derribar muchas barreras y prejuicios, propios y también de nuestro entorno.  Debemos ejercer nuestros derechos respecto de nuestro cuerpo, de nuestras ideas, de nuestros sueños y aspiraciones, de nuestro derecho a estudiar y trabajar, de recibir remuneraciones dignas y justas, de poder acceder a cargos de dirección y tener las mismas oportunidades que los hombres.

La realidad actual nos muestra grandes diferencias y extremos. Según el Banco Mundial en su informe “Women, Business and the Law 2020” (ver más aquí) solo en 8 de 190 países del mundo se puede considerar que las mujeres tienen exactamente los mismos derechos que los hombres. En otros, ya sabemos que ni siquiera pueden salir a la calle si no están completamente cubiertas y acompañadas de un hombre. En nuestro país avanzamos lentamente, sigue la violencia y la falta de oportunidades. Lo lamentable es que muchas veces esa falta de oportunidades parte en el entorno familiar, cuando le indicamos a una niña que hay actividades que no puede hacer porque es mujer o cuando le regalamos juguetes que la insertan en el clásico rol de dueña de casa y no aquellos que le ayudarán a desarrollar sus capacidades intelectuales.

Desde el ámbito de la informática, podemos observar un fenómeno de falta de interés de las mujeres por estudiar las carreras relacionadas con el área. Muchos estudios indican que esto se debería muchas veces a prejuicios de las mujeres al pensar que esta profesión es compleja, de gente “rara” o simplemente para hombres. Quienes la ejercemos y, particularmente las mujeres informáticas, que somos mujeres normales, sabemos que esta es una profesión apasionante, que a diferencia de otras es muy dinámica y desafiante, que no es un trabajo donde no haya contacto con otras personas y donde los productos de nuestro trabajo pueden beneficiar a muchas personas en su vida diaria. Además, tiene un campo laboral que permanentemente demanda más y más trabajadores, y con remuneraciones por sobre la media, generando un interesante campo laboral para las mujeres.

Las mujeres podemos y debemos acercarnos a la tecnología, los tiempos actuales lo exigen. La familiarización con la tecnología aporta a reducir la desigualdad socio-económica producto de la sociedad moderna que privilegia el conocimiento por sobre el trabajo basado en la fuerza bruta.

La enseñanza temprana de la programación de computadores es una estrategia interesante para lograr la participación de la mujer, en la medida que esta es inclusiva y se desarrolla antes de que los prejuicios señalen al computador como un artefacto para “chicos”. Un ejemplo de esto es la joven programadora chilena de 13 años, que precozmente ya recorre el mundo en ferias tecnológicas mostrando su potencial (ver aquí).

Finalmente, dejo un comentario de la presidenta de World Bank, Kristalina Georgieva, que comparto plenamente: “Si las mujeres tuviesen las mismas oportunidades que los hombres para alcanzar su máximo potencial, el mundo no solo sería más justo, sino también más próspero”.

Dra. Ing. Angélica Caro Gutiérrez

Facultad de Ciencias Empresariales

Universidad del Bío-Bío